Corrientes, agosto de 2026. En medio de la solemnidad de los actos patrios y el rítmico marchar de las botas sobre el pavimento, surge una figura que cautiva las miradas y estremece el orgullo de todo un pueblo. No es un soldado de gran estatura, sino Francisco, un niño de apenas 8 años, cuya estatura se agiganta cuando viste el uniforme verde y amarillo de los Cazadores Correntinos.

Su historia no es una casualidad del presente, sino un camino trazado desde la cuna. Su madre, Mayra, relata con orgullo que Francisco comenzó a acompañar al cuerpo de cazadores a los 2 años. Criado en un ambiente donde el deber y el respeto son pilares —su padre es instructor en la Escuela de Policía—, el pequeño Francisco ha «mamado» desde muy temprano el amor por la institución, por la sección y, por sobre todo, por la patria.
Lo que para cualquier niño de su edad podría haber quedado en un simple juego de disfraces, para él es un compromiso que asume con una madurez asombrosa. Sus padres notan en cada exhibición y en cada acto una seriedad y responsabilidad admirables, esforzándose día a día por mejorar sus movimientos y su paso marcial. En las imágenes que atestiguan su dedicación, se lo puede ver integrado perfectamente en la formación, luciendo su gorro con pluma verde y su pequeño fusil de madera, manteniendo la mirada firme junto a sus compañeros de armas.

Este fervor lo ha llevado a pisar lugares sagrados de la historia argentina. Francisco tuvo el honor de conocer Yapeyú, la casa del General José de San Martín, a quien admira profundamente. Recientemente, se lo vio participando con total distinción en el acto central por el 174° aniversario del paso a la inmortalidad del Padre de la Patria en dicha localidad.
Su pasión ha traspasado las fronteras de la provincia. Un video de sus participaciones se volvió viral, alcanzando tal repercusión que recibió un reconocimiento oficial por parte del Regimiento de Granaderos a Caballo «General San Martín», la escolta presidencial. También la Policía de Corrientes destacó su compromiso el año pasado, reconociendo que a su corta edad ha logrado hitos que inspiran a grandes y chicos.
Para Francisco, desfilar no es una obligación impuesta; es un deseo profundo que nace de su propio interior. Su familia lo acompaña y apoya en este anhelo, aclarando siempre que «todo nació de él». Mientras Francisco siga marchando con esa convicción, Corrientes sabe que su identidad y sus tradiciones están en las mejores manos: las de un niño que, entre juegos y desfiles, ha decidido abrazar la historia de su tierra con una entrega que emociona hasta las lágrimas.











